Nuestra Quinta

Historia

Granja Julia nace por el año 1977  en el lote N° 72, orientada a la producción ganadera después de de la reforma que entrega a manos de los trabajadores los predios de las inmediaciones de Punta Arenas llamadas estancias, en nuestro caso Estancia Julia en honor a nuestra madre, mujer luchadora quien junto a nuestro padre, Manuel Vargas fueron construyendo a punta de grandes esfuerzos secundados por los hijos Luis Humberto, Eddie Manuel, Gladys Margarita, Julia Edith y Cecilia Bernardita. En aquellos primeros años la subsistencia se basaba en la producción de hortalizas y frutos silvestres cosechados en pequeños huertos los que manteníamos con abonos de las ovejas y reciclando todos los productos que fueran orgánicos, recordamos que en tiempos de cosechas se organizaban mingas con los familiares y amigos compartiendo trabajo y cenas maravillosas con esos productos a la usanza de lo que se hace en Chiloé de donde es originaria la familia.

No fue fácil pagar por la tierra y los 5.000 animales entregados en esa oportunidad, tampoco fue fácil encontrar el asentamiento adecuado para emplazar nuestro hogar que hoy se hiergue imponente en el kilómetro 35 de la carretera del fin del mundo CH255 que en ese entonces se logro con una vara de sauce y otra de cobre para encontrar un manantial de agua que hasta el día de hoy nos provee de este vital elemento, rico, saludable y que hoy ustedes disfrutarán por ser el mismo que  riega este huerto.

No podemos dejar de mencionar los grandes apoyos recibidos en los comienzos de este proyecto a la Comisión Nacional de Riego (CNR) y al Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIA) los cuales, sin duda alguna jugaron un rol preponderante y seguirán estando presentes en los actuales y futuros proyectos de Nuestra Quinta.

Mención especial para la Corporación de Fomento a la Producción, CORFO, gracias a los cuales desarrollamos el actual proyecto de producción agrícola, a su apoyo constante, asesoría y financiamiento.

Agradecemos igualmente a quienes están a la cabeza de este proyecto y que hacen posible que tengamos estos productos en una zona donde apostar por lo fresco y natural, hace unos años, era un sueño, hoy una realidad.

Sin duda alguna, la mejor recompensa de este gran esfuerzo será la adquisición de las membresías de parte de las familias magallánicas y que nuestros productos sean reconocidos a nivel local y por qué no a nivel nacional, dadas las características de nuestras frutas y hortalizas que ya gozan de un prestigio por su sabor y estar exentas de substancias tóxicas empleadas en otras zonas.